Ayer salió la segunda temporada de Maestro de la Mierda, serie creada y protagonizada por el indio de Parques y Descojono, Aziz Ansari.

La serie va de Dev (Aziz), menudo nombre, y de sus putas movidas. Sus putas movidas, para que quede claro y nos lo quitamos ya de encima, son las tías, básicamente.

Dev es un actor con una vocación bastante floja pero que ha tenido la suerte suficiente como para poder vivir de ello. Gracias al puto Darkman, no aburren mucho con lo jodido que es ganarse la vida como actor en la puta gran manzana. Es su trabajo y es uno de los rollos de los que se habla a menudo, pero sin aburrir, sin tener más peso del que debería. Bien.

Gran parte de la trama se centra en su jodida búsqueda del amor, que, como sabéis, es un tema que me mola SIEMPRE.

No voy a presentar a los personajes principales porque, aunque muchos aparecen con frecuencia, la serie está muy centrada solo en Dev. Prácticamente no se siguen tramas de nadie más si no es porque involucran al propio Dev de alguna manera. Que esté tan centrada en un solo personaje abre posibilidades distintas a las habituales y evita, ya era puta hora, hilos guionísticos que nos importan tres cojones, como las aventuras de los pequeños de la familia, la nostalgia de la puta abuela o las dificultades del subnormal de la cuadrilla. Aquí nos centramos en las movidas de un joven normal que tiene 33 años en 2017; quédate si te interesa, nájate si no.

Voy a centrarme en la segunda temporada, que de la primera no me acuerdo de casi nada y ya la deberíais haber visto. Intentaré no joderos nada, de cualquier forma.

La nueva temporada empieza donde lo dejó la anterior, en Italia tras el MOVIDÓN, y lo hace con un homenaje claro al Ladrón de Bicis de Vittorio de Sica, como bien se han hartado de repetir todos los listos de Twitter. El capítulo es entero en blanco y negro (incluso cuando mira los mensajes de su móvil, que queda como bien, antitético de alguna manera) y nos introduce de putos huevos en la cabeza del bueno de Dev otra vez.

Sin contar con el cutrerío de mostrar Italia como un sitio viejo y lleno de tapetes, es un buen season premiere, que, como digo, refleja muy bien el tono general de la serie de comedia melancólica.

Luego viene otro capítulo molón de humor chorra y en el siguiente, aunque lo peor está por mierda puta llegar, empieza a joderse la cosa: la puta comedia de mensaje.

“Eh, que la religión está bien, pero no hay que imponerla”. Anda, vete a tomar por el culo, ¿puedes hacer chistes de gente quedándose atascada en sitios y de hacer el ridi intentando ligar, que es para lo que te puto pago?

¿Cómo es posible que en pleno 2017 la religión todavía sea algo? Mal por dar voz a la religión y mal por los aires de buenrollismo paternalista con que se plantea la gilipollez.

Como me tocó los huevos el tema de “hagamos del mundo un lugar mejor mediante el humor”, empecé a ver ciertos puntos de la trama “desde otra óptica”, que diría Igelmo. ¿Es esa forma de resolver lo de Italia? Hombre, no me jodas, casi parece más una de esas americanadas de meter el elemento “Europa” como cuando te pones creativo en la cocina y echas orégano a la tortilla, en plan el final de Blade, la chorrada de ir a Londres de Friends o toda National Lampoon’s European Vacation.

Se pierde el norte hasta tal punto que durante gran parte de la temporada no pasa putamente nada, solo hay mensajito. Empieza lo jodido: los capítulos son mediometrajes independientes (inependientes entre ellos, no indies) moralistas donde el bueno de Aziz hace, con suerte, algún cameo.

Un capítulo sobre integración, otro sobre homofobia, otro de racismo… pero ni siquiera tratados desde un punto de vista adulto y contemporáneo, simplemente “eh, joder, que no pasa nada por ser lesbiana, coño”. Flaco favor estás haciendo a estos colectivos, Aziz, planteándolos como si estuviéramos en 1985. Prestad especial atención a la negra y el indio que hacen de la amiga negra lesbiana y el propio Dev de adolescentes: ¿se pueden parecer menos a ellos?

Entre estos ñordazos con mensaje hay un par de capítulos también bastante mierda (sobre todo porque, insisto, no avanza nada la puta trama), pero con menos mensaje cutre. Uno es una copiada al capítulo en que Phoebe no se decide entre el profesor mazorcas y el bombero torero y en otro se da un repaso a Tinder, insinuando que las relaciones de ahora son demasiado superficiales.

Por fin, en el jodido 9, termina el puto “manifiesto de Aziz” y se retoma la trama. Quedan solo dos capítulos para el final, pero son los dos bastante largos (bastante más de la media hora habitual) y se da un desenlace bastante digno a un nudo del que ya nos habíamos olvidado.

La diferencia entre las partes de mensaje y las normales es ACOJONANTE; como de comedia cristiana de parvulario al plano secuencia del tiroteo de True Detective. ¿Irían justos de tiempo y tuvieron que basar 6 capítulos en fanfic que recibieron de un hospital para niños con enfermedades mentales? No lo sé, solo sé que me cago en los putos huevos.

El final, como digo, bien; abierto… pero bien, satisfactorio. Deja buen sabor de boca, que no es poco teniendo en cuenta el truñamen que nos estábamos jamando solo un par de horas antes.