Fried, me cago en la puta, serión. Estoy en blanco, no sé por dónde empezar, es demasiado la polla.

Empezaré diciendo que la vi por Netflix, buscando algo de risa al tuntún para quedarme sornete cuanto antes, que estaba cansado. Se dio el descojono de que esa semana llegué a la cama en circunstancias parecidas un par de veces o tres (no es habitual) y, para cuando me quise dar cuenta, ya era demasiado tarde: me gustaba esta mierda en serio.

Sin paños calientes, la serie es un truño que asusta. Las interpretaciones, con un par de mediocres excepciones, son lamentables; el guion es tan predecible que sorprende; el humor parece más propio de alguien que descubrió la televisión la semana pasada y todavía está acojonado con Los Problemas Crecen. Por si fuera poco, para mi puta jodienda, la serie es inglesa.

En los 5 primeros minutos las cosas quedan ya bastante claras: si sigues viendo esta mierda, atente a las putas consecuencias. Como no esperaba ver más de un capítulo, estaba dispuesto. Joder, ya lo creo que lo estaba; incluso me creí afortunado de dar con semejante ñordo a la primera. Puto gilipollas inocente.

La mañana después de la segunda noche de quedarme sornete viendo Fried me levanté jodido: ¿qué pollas había pasado con el moro y la cocodrila?, ¿había​ colado la chorrada de Mary de hacerse pasar por español poniendo acento italiano? A la mierda, era el momento de dedicarle toda mi jodida atención.

Os comento de qué va y qué rollo llevan los personajes principales, probablemente describiéndolos en más detalle que los propios guinoides al presentar la idea a los productores.

La serie va de una franquicia de Seriously Fried Chicken (el nombre de la empresa quizá sea el mayor chistazo de la serie), una cadena de comida rápida especializada en pollo frito, en Croydon, sur de Londres, y las movidas que les pasan a sus empleados, que son, a saber:

  • Mary, empleada de RRHH que, por circunstancias del Despolle, se ve degradada a jefa de la franquicia en cuestión y tiene que lidiar con la panda de hijos de puta que la habita. Insegura, frágil y obsesionada con su ex; personaje importante para la trama pero prescindible en su aportación al descojono general.

  • Joe, el típico jovenzuelo macho beta, adorable pero sin huevos, que no sabe muy bien qué coño pinta ahí. Le mola la hostia la india, Amara, que pasa de él como de la mierda.

  • Amara, arquetípica cabrona que no se separa del móvil ni para atender a los clientes. No sabe hacer la ‘O’ con una mierda, pero nunca le pasa nada porque ahí está Joe para salvarle el hojaldre cuanto haga falta. Personaje con bastante desarrollo y, junto al moro, Ed, probablemente mi favorito.

 

  • Ed, alegre y optimista mascota reparte-flyers. Obsesionado con el follaje, pero en simpático, no en plan creepy. Colegario y confidente de Joe, con quien tiene una relación nunca antes vista en televisión de “tío, tienes que entrarla así, que sé de lo que puto hablo”. Si ves a Ed bailando y no te alegra el puto día, estás bien jodido.

  • Derek, el sargento chusquero de la franquicia. Mucho me jodido temo que no lo han hecho a propósito, pero les ha quedado un personaje que mezcla de forma bastante original y brillante cabronería e inocencia. Teje “complicadas” (sigh) estrategias para hacerse el jefe de la franquicia, pero es el único que no se da cuenta de que le están tomando el truño. Se parece LA HOSTIA a Julián López haciendo del cabrón asqueroso.

  • Shontal (menudo nombre), la negra gruñona que no sé qué pollas pinta. No aporta mucho, pero al menos tampoco molesta.

  • Clive Bagshawe, jefe regional interpretado por un cerdo que no ha estado en frente de una cámara en su jodida puta vida. Malísimo. Parece un colegario del director al que, por una jodidísima mofa interna, han decidido dar un papel en la serie y asignarle el chistecito de “perdona que reaccione tan violentamente” cuando no ha reaccionado violentamente en absoluto. Muy inglés; muy gilipollas.

La serie, sorprendentemente, dejó de emitirse tras una primera y corta temporada de 6 capítulos; cada uno más acojonante que el anterior. ¿Es posible que haya sido el único en verle el encanto a este zurullo? Francamente, espero que no; no me gustaría vivir en un mundo que valore tan poco la ranciedad televisívica.

Fried se me antoja, ahora en serio, desenfada e inocentemente imparable, como un puto niño al que acaban de contar el chiste del perro Mistetas y necesita gritárselo al mundo.

Sirve, claro jodido está, para ilustrar la importancia de las expectativas; qué fácil sería todo sin ninguna expectativa, hostia puta. Ahora, sintiéndolo mucho, os he jodido la serie para siempre, pues esperaréis dar con una mierda medio mágica rara y daréis con una mierda común.

Se siente, pensad que si no llego a escribir la entrada, tampoco la habríais visto.