Ayer a la noche no podía dormir y me acordé de que tenía pendiente esta movida en Amazon Video así que me puse con ella y, como quien no quiere la mierda, la vi del tirón.

Crisis in Six Scenes” es una serie de seis capitulillos escrita, dirigida y protagonizada por Woody Allen, como en sus jodidos buenos tiempos.

Cada capítulo dura unos 22 minutos, haciendo un total de poco más de dos horas. Da bastante, bastante la hostia, la sensación de que han cogido un guion de película y un especialoide la ha dividido en seis partes, equilibrado cada una y anunciado el bombazo de que el bueno de Woody se pasa a la “televisión”.

La serie, ambientada en los 60, trata sobre una pareja de viejillos; Woody Allen, un escritor siempre a la sombra de J.D. Salinger, y Elaine May (¿de dónde ha salido esta vieja y qué coño le pasa en la puta boca?), una terapeuta de parejas con innovadoras ideas acerca del follaje; cuya vida se vuelve patas arriba cuando aparece la gilipollas de Hannah Montana, que da mierda a una activista de derechos humanos buscada por la madera.

Siempre me ha gustado la tranquilidad con que Woody Allen cuenta sus historias, interesantes pero cotidianas y que solo buscan entretener y no volarte la puta cabeza, así que tenía curiosidad por ver qué cojones pasaba con esto.

Si te gusta Woody Allen, como a mí, te gustará la serie, como a mí.

Tiene mucho del Woody Allen de siempre, en el que todos los personajes principales masculinos hacen un poco de él: el adorable hipocondriaco (especial atención a la escena del pulgar en el médico) macho beta judío por antonomasia. Atrás queda, eso sí, el puto Mr. Olympia que veíamos en Bananas; ahora como mucho veremos a un enclenque Mr. Burns.

Es realmente acojonante: su mujer es más tocha que él, el joven enfermizo que también hace de él es más tocho que él, ¡la puta Hannah Montana está más mazas que él, por el amor del puto Darkman!

Hannah Montana… me cago en los cojones con Hannah Montana y su papel en la serie. Es que no sé ni por dónde empezar.

Hannah Montana sería capaz de eclipsar las interpretaciones de Tommy Wiseau en The Room.

Sé que uso esta expresión demasiado a la ligera, pero esta vez va en serio: lo peor que he visto en mi jodida… puta… vida. Cada gesto que hace duele en el corazón, con cada frase que pronuncia dan ganas de ir al váter, cada vez que sale de plano es como si limpiaran un ñordo de la pantalla.

¿Sabéis cuando en una serie o película hacen un cameo de un jugador de baloncesto y parece una especie de estatua subnormal? Pues es así pero durante 5 capítulos (no sale en el primero).

Hannah Montana tiene una parte importante en la serie, pero, gracias al puto Cielo, no se la dan a ella; se la dan a John Magaro que la lleva bien, sin pena ni gloria, pero un puto gritón de veces mejor que ella.

John Magaro representa aquí, como ya he dicho, otra de las caras habituales de Woody Allen: el judío debilucho con una familia obsesionada con la choja que intenta no involucrarse mucho en nada, no le vaya a dar el flato.

Es curioso cómo a menudo Woody Allen consigue colocar un par de personajes que son él mismo y que, aun así, sigan dando juego. Supongo que se debe a que es la clase de persona que no se llevaría bien consigo misma, así que las discusiones siguen siendo naturales porque a cada puto cerdo solo le preocupan sus movidas.

Resumiendo: poco aprovechado el nuevo formato, pero es probable que os guste si os gustan las películas clásicas de Woody Allen. La serie va mejorando (a medida que va desapareciendo Hannah Montana) y el último capítulo hará las delicias de los que os mole el despolle de enredo.