Amigos, la vida es puto rara.

El otro día, leyendo los comentarios del típico fan de lo viejo herido en un artículo donde se decía que Mastodon era una de las 10 mejores bandas de stoner del momento, descubrí que había un documental sobre “hard rock en América”  (o sea, stoner y doom en EEUU) llamado Such Hawks, Such Hounds y decidí meterle, a ver qué hostias.

El documental me hizo acordarme de Until the Light Takes Us, también de 2008, y pensé en escribir esta entrada desde el punto de vista de “joder, putos fumetas, dejad de quejaros y moved el culo, vagos de mierda; los movidones del Inner Circle sí que eran la polla” y, aunque mantenga esa opinión, decidí darle un nuevo enfoque.

Todos los no-gilipollas sabemos que nada importa mucho. Somos materia con consciencia, pero la consciencia poco le importa al universo inmortal, que pasa de putamente todo. Es humano antirrelativizar y dar más importancia a tus cagarrutillas de oveja que al ñordazo de triceratops del vecino y ¿quién soy yo para llamar gilipollas a los gilipollas de Such Hawks, Such Hounds?

Sorprende ver que dos escenas de jevos de la misma época puedan ser (y desarrollarse) de formas tan diferentes. Tan cerca y a la vez tan lejos.

SHSH se centra en grupos representativos de la escena gorda en EEUU desde los 70 a los 00; grupos como Hawkwind, Earthless, Melvins, Sunn O))), Kyuss, The Obsessed, Dead Meadow (menudo nombre), Comets on Fire, Pentagram, Black Sabbath por supuesto, High on Fire y Sleep, Nirvana y Earth… os hacéis una idea de cómo olería aquello si los juntasen a todos.

UTLTU por su puta parte analiza la escena black metalérica de Noruega en los 90, el llamado Inner Circle, y los asesinatos y quemas de iglesias que se dieron entonces. Aparecen los habituales: Darkthrone, Burzum, Mayhem, Immortal, Emperor, Ulver y el del rimmel de Satyricon.

Me costó de joven, pero a estas alturas tengo asumidísimo que una parte importante de los artistas que admiro son más cortos que el rabo de una mierda. El caso de los protagonistas de SHSH va un poco más allá: una cuadrilla de quejicas para los que todo el mundo hace todo mal menos ellos, sorprendidos porque a las discográficas su música se la trae floja y quieren hacer dinero.

Los de UTLTU también son unos lumbreras de toma pan y mierda: el intelectual de Ulver ofendidísimo por el mestizaje cultural mientras luce unas fabulosas rastas de blanco que harían cagarse en los huevos al mismísimo Bruce Lee, el gorila de Hellhammer diciendo que olé los cojones del cerdo de Faust por matar a un “puto marica”, el bueno de Vargvi tomándonos por gilipollas intentando hacernos creer que se sentía amenazado por el bigotillos mediometresco de Euronymus… en fin, una panda de cabrones digna de admirar.

El documental blacker es serio, con entrevistas a personajes por entonces muy controvertidos, tratando temas aún jodidos, con un hilo conductor trabajado, con una historia que contar y cinematográficamente apto; al contrario que SHSH, que es una serie de videoclips y entrevistas sin ton ni son a gente más o menos involucrada en el rollo, más para fans que para llevar a festivales. Como dice Gorka: no es una peli que lleve coronas con hojas en la portada.

Quizá afectado por esto, quizá porque llevo 10 años sin escuchar música de fumetas y quizá porque Fenriz trabaja en Correos, tengo que simpatizar claramente con la rebeldía adolescente extrema y sin sentido de los putos noruegos; máxime cuando el otro bando representa el arquetipiquéibol vagazo de “tío, el capitalismo me oprime, tío” que usa metáforas de mierda cuando se le pide información concreta.

¿Y qué podemos hacer entonces cuando todo el mundo es gilipollas? Pues no tomarnos nada demasiado en serio y poner nuestra mejor cara de “todo va de putos huevos” de Tina.

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