Tener siempre la misma IP es algo que nos facilita mucho la puta vida a los que usamos un ordenata en casa como servidor multimedia, SFTP/FTP o sitio de almacenamiento en general; así que voy a intentar explicar cómo cojones se hace. Usaré además esta entrada como referencia para varias de las siguientes entradas que tengo pensadas relacionadas con que los ordenatas nos hagan la vida más acojonante, así que atención.

Podemos tener una IP fija de dos formas:

  • Poniéndola a pinrel en el ordenador, que no es nada elegante y es un puto rollo porque cada vez que lo saquemos de casa tendríamos que toquetear la configuración otra vez.
  • Creando una entrada en el DHCP de casa que dé siempre la misma IP a ese ordenador, como el jodido Darkman manda.

Un DHCP es, básicamente, un servicio dentro de nuestro router doméstico que reparte y gestiona IPs a los equipos que se conectan a una red, como la que tenemos en casa. Si trabajáis en una oficina medianamente grande, probablemente exista un cacharro o grupo de cacharros solo para esto, pero en casa vale con correr un servicio dentro del routercillo. Me apunto para otro día comentar rápidamente cómo estamos conectados a la Hinterned cuando estamos en casa y las diferencias entre redes internas y externas, que viene bastante al caso y me consta que incluso informáticos no tienen ni guarra de esto; pero alargaría demasiado la entrada de hoy.

Cuando conectamos un ordenata a la red, lo primero que hará será comunicarse con el DHCP siguiendo un proceso llamado DORA (por las iniciales de los pasos en inglés: Discovery, Offer, Request, Acknowledgement) que a todos los profesores de redes parece causar un descojono de la hostia porque hay un muñeco de dibujos que se llama así. Nivelazo.

El DHCP le dirá, entre otras muchas cosas, su IP y el ordenata se la quedará. Para hacer esta asignación, el DHCP coge la dirección MAC de nuestro ordenata y la mete en una tabla asociada a la IP que haya decidido darle. Esta asociación durará un tiempo, que también podemos configurar pero que ahora nos la trae bastante flojéibol. La dirección MAC es una referencia que identifica unívocamente a cada interfaz de red, o sea, cada mierda susceptible de coger una IP. La MAC, a diferencia de la IP, que cambiará en función de dónde nos conectemos, no cambia y es única para cada rollo. Para saber nuestra MAC solo tenemos que ejecutar “ipconfig /all” en el CMD de Windor (allí se llama “dirección física”, porque está grabada a fuego en el trasto) o “ifconfig” en Mac/Linux.

Podemos, como habréis podido deducir, fijar esa asociación entre nuestro equipo (su MAC) y una IP concreta, de forma que, siempre que nos conectemos en esa red (en puto casa), el ordenata coja la misma IP y no tengamos que cambiar la configuración de la app del móvil con la que gestionamos Kodi, no tengamos que actualizar la lista de servidores FTP del Filezilla o podamos tambien hacer una redirección desde fuera de nuestra red (desde el autobús, por ejemplo) a nuestro ordenador. Pero eso, me cago en la puta, más adelante.

¿Cómo? Depende de vuestro router de casa. En general suele ser tan fácil como conectarnos a él, que siempre es nuestro default gateway hacia la Hinterned y, por tanto, podremos saber su dirección también con el comando “ipconfig” o “ifconfig”, según nuestro sistema operatívico (suele ser la 192.168.X.1, aunque puede cambiar si lo ha configurado algún cabrón retorcido); entrar en la parte de DHCP y añadir el registro que asocie la MAC del equipo con la IP que nos salga del cremáster, siempre que esté dentro de la red que gestiona el DHCP, claro.

De nada.